domingo, 30 de mayo de 2010

La sombra del alba 7º capítulo


7. Un llanto de esperanza

El bombardero estaba llegando hacia ellos, no quedaba ni cinco minutos hasta que este estuviera sobre sus cabezas.

-¡¡¡Agustín coño levanta!!!- Aurelio llevaba diez minutos arrastrando a su compañero a traves del pueblo intentando llegar a la colina, pero sabía que no lo conseguiría.

Un minuto después el bombardero estaba casi sobre ellos, Aurelio no pudo más y de impotencia y furia grito a su compañero.

-¡¡Así solo conseguirás que nos maten, no ayudas a nadie, no me ayudas a mí, solo eres un puto estorbo, vete al infierno!!!- De repente Agustín giro la cabeza.

- Ellos lo sabían... sabían lo que ella escondía.- Agustín había perdido el juicio, decía cosas sin sentido.

- Lo siento... Isabel, no pude cumplir mi promesa- Inmediatamente después de decir esto, el soldado Agustín Vallejos saco su revólver de la funda, mientras era arrastrado, y antes de que Aurelio pudiera hacer nada se disparó en la sien.

Aurelio no oía ni sentía nada, el sonido del bombardero desapareció, las ruinas desaparecieron, el cielo se torno negro, todo era nada.

- ¿Que... qu...que has hecho?- No era posible, ¿Como podía serlo? Era imposible, Agustín no se había volado la tapa de los sesos, eso no había pasado, era una puta pesadilla, eso es...

Una explosión devolvió a la realidad al cabo, el bombardero había comenzado a soltar su carga a pocos minutos de donde estaban ellos y Aurelio no sabía qué hacer, si se llevaba el cuerpo de su amigo probablemente no andaría ni dos pasos antes de que le cayera una bomba a los pies, el bombardero avanzaba hacia el este del pueblo y la zona más segura para refugiarse era lo alto de la colina que estaba en el norte.

-No puedo dejarte aquí tirado- Aurelio comenzó a arrastrar al soldado pero tras unos pocos segundos Aurelio Fuentes vio como una bomba caía a pocos metros de él. La explosión destrozo el pilar maestro y parte de la fachada de una casa por la que pasaba Aurelio, la fachada frontal cayó sobre él y el cuerpo de Agustín atrapándolos en un cumulo de paja, adobe y piedras.

Un rayo de luz, fue lo primero que vio Aurelio al abrir los ojos, un rayo de luz que se colaba directamente hasta su rostro entre el las ruinas.

-Dios, creía que ya no lo contaba.- Fuentes empezó a quitarse todos los escombros que puedo hasta poder mover las piernas- A partir de aquí ya viene todo rodado- pero el adobe era de mala calidad y al desprenderse de la estructura de la casa volvió a un estado arenoso en el que era imposible apoyarse, por lo que al ver que no podría salir por arriba intento seguir de frente apartando las piedras y haciendo un pequeño túnel a través del adobe.

-Por fin – Había conseguido salir, el cielo estaba despejado y no se hoy nada más que el ruido del viento.- Ya ha pasado todo, pero la felicidad no era completa.- ¡Agustín!- Fuentes giro la cabeza y corrió hacia los escombros. Durante diez minutos no dejo de escarbar y apartar piedras pero era imposible nunca encontraría el cuerpo entre aquel amasijo de piedra y tierra.

-Lo siento soldado…, fuiste un gran amigo y compañero.- Aurelio cogió dos palos de madera y una cuerda y los ató formando una cruz, la llevo hacia la cima de los escombros y allí la clavó y la sustento poniendo cinco piedras alrededor de esta.

-Espero que estés en paz.- Tras decir esto Aurelio se quito la chaqueta y la puso sobre la cruz. - quien pase por aquí sabrá que en este montículo yace un soldado, un hombre… y un amigo.- la voz se le había vuelto gangosa y unas cuantas lagrimas caían por el rostro del cabo. La pena le inundaba el alma y no podía moverse del lugar. Pasaron dos horas sin que hiciera ningún movimiento ni un intento de ponerse en marcha, no había esperanza.

Un llanto. Aurelio creyó haberlo imaginado pero el sonido cada vez era mayor dejo la tumba de su amigo y se encamino hacía donde estaba el sonido no sin antes cargar su pistola, después de lo que había pasado nada era seguro. Tras andar un rato el sonido del llanto era bastante reconocible, era un bebe. Había llegado a la colina y por el sonido el bebe debería estar allí pero no había nada.

- ¿Hola, ahí alguien?- El llanto paró de repente.- ¿hola?, soy Aurelio Fuentes cabo de la quinta división del pelotón de Sevilla por favor si alguien me escucha salga, no le haré ningún daño.- La mayoría de las veces en los diferentes pueblos de republicanos por los que Aurelio había pasado esa frase no le había propiciado ningún resultado, y esta vez no fue diferente.

Fuentes no sabía qué hacer a lo mejor era una familia que había sobrevivido o un solo bebe que había acabado en la falda de la colina, en cualquiera de los dos casos debía encontrar a los supervivientes que hubiera. El llanto no había vuelto y Aurelio ya estaba punto de desistir cuando vio una figura en lo alto del campanario.- Oiga, ¡hola, ¿puede bajar y ayudarme?! .- La figura no se movía, parecía como aquellos oscuros personajes de las novelas de Agatha Christie con gabardina larga y ancha y un sombrero que le cubría el rostro.- ¡Perdone, ¿me ha oído?! – Aurelio no podía creer lo que estaba viendo, aquel hombre parecía ajeno a todo lo que estaba sucediendo en el pueblo y podría jurar que bajo el sombrero se podía apreciar una ancha sonrisa. De repente la figura giro su cabeza en dirección a Aurelio y comenzó a reírse de una forma casi inhumana, Fuentes no daba crédito a lo que estaba viendo.

-Estúpido, lo que buscas esta aquí dentro – Aunque el hombre habló desde una distancia bastante alta y casi en susurro Aurelio oyó perfectamente cada palabra era como si lo tuviera al lado susurrándole.

-¡Por favor baje de ahí puede hacerse daño!- Aurelio no podía entender como había llegado a subir allí arriba aquel hombre, porque a pesar de llevar una gabardina ancha las manos y los pies, por lo que él podía ver era bastante enclenques aunque no estaba del todo seguro debido a la distancia a la que estaba.

-Si quiere que baje primero tendrá que subir.- Aurelio estaba empezando a cansarse de aquel tipo, pero de repente volvió a oír el llanto.- Le reclaman aquí arriba cabo- Era verdad el llanto ahora provenía de dentro de la Iglesia.

Mientras subía a la cima de la colina Aurelio veía como la sonrisa de aquel hombre se hacía por momentos más visible, mientras que su rostro seguía en la penumbra.

3 comentarios:

  1. Me encanta la forma en que narras la historia.

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  2. hay por dios jolin yo quieros mas ¿que le va a hacer al bebe? no puedo jajaja besos

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  3. Hola, bueno no tengo mucho que decir.
    Hace poco hice un blog dedicado a personas como tu, soñadoras y escritoras.
    ¿ Querrías tu novela en un directorio?
    No es tan difícil, si te gusta la idea entra a... http://directoriodenovelas.blogspot.com/

    Besos :D

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