martes, 11 de mayo de 2010

La sombra del alba 1º capitulo



1. Todo tiene un comienzo


Ahí estaba yo, en un lugar oscuro, desolador, rodeado de tierra y túneles, tirado en el suelo de aquel cochambroso lugar enfrente de la silueta que me llevaba persiguiendo toda la vida.

-¿Quién dice que todas las historias no acaban bien, eh señor Fuentes?- Aquel hombre no paraba de sonreírme mientras me apuntaba con su revólver.

-No creo que esta vez lo consigas chico- tras decir esto tenso el percutor de la pistola y dejo de sonreír para mostrarme una expresión de odio que podría quemar al mismo diablo.

-No apueste nunca por una muerte segura- acto seguido de responderle le tire a la cara un puñado de tierra que había cogido del suelo sin que se diera cuenta, estaba a unos centímetros de mis pies asique no había posibilidad de fallo.

Aproveche la ocasión para escapar por uno de los pasadizos. Había eludido las garras de la muerte… una vez más.

Imagino que nunca sabré como paso pero el caso es que sucedió. Todo comenzó el día de mi nacimiento, el 21 de Abril de 1937. En España, la guerra era más cruenta que nunca y los bandos ya no distinguían enemigos de amigos y ese día no sería diferente. El pueblo de La Mussara creía haber pasado ya por todo lo inimaginable, tras reconstruir la mitad del pueblo llevaban unos meses sin sobresaltos y habian comenzado otra vez a llevar una vida normal, pero Isabel estaba asustada, ya había salido de cuentas desde hacía tres días y temía que algo malo le pasara a su pequeño si asaltaban otra vez el pueblo, así que a las cinco de la tarde dejando todo el trabajo de la casa preparado le pidió a su tío si podía ir a rezarle a la virgen por su hijo.

-Ve pequeña, ya no queda nada que hacer aquí, haber si Gabriel vuelve ya con la leña y podemos empezar a calentar el caldo- Isabel le dedico un abrazo a su tío, el hombre que había cuidado de ella tras el asesinato de sus padres por unos seguidores de aquel general Franco.

Tras el asesinato, Isabel desapareció tres meses, y después de estos meses de agonía para la familia regresó, pero regresó desnutrida y con cara de cansancio, a todo esto se junto que tras unos meses se vio que Isabel estaba encinta pero aun con los ruegos de su familia ella no quiso desprenderse de su hijo y siempre decía lo mismo:

-No puedo matar algo que he amado tanto-Después de decir esto siempre solía encerrarse en su habitación a llorar desconsoladamente.

Con el tiempo la familia de Isabel dejó de intentar saber quién era el padre de la criatura y la aceptaron.

Aquel día Isabel estaba preciosa, sus tirabuzones dorados le caían por la frente y le daban un aire de inocencia y de humildad. Su físico no había cambiado demasiado y eso la preocupa porque desde el sexto mes la tripa no había vuelto a crecer, pero sabía que el niño estaba vivo porque por las noches no dejaba de dar patadas.

-Serás la alegría de mi hogar-Todas las noches le susurraba al niño sus sueños de futuro y sus ganas de que este llegara a cumplirlos.

Eran ya las cinco y media de la tarde y tras hablar con unas amigas de la plaza y comprarle un bollo a la panadera por el camino, llego a la Iglesia. Santa Agustina era una pequeña Iglesia edificada a principios del siglo XIX antes de que la República se volviese a instaurar en España y los curas perdieran su poder, el cual recuperarían debido al apoyo al bando de los sublevados en la guerra. Era una Iglesia que cubría las necesidades de un pueblo de no más de cien habitantes y donde vivía el párroco Sebastián, un hombre rechoncho y bonachón que se hacía querer por sus feligreses.

-Buenos días Isabel- El padre Sebastián estaba preparando el altar para la misa de las ocho cuando vio entrar a Isabel. El párroco siempre le había tenido mucho cariño desde pequeña y siempre la recordaba como aquella niña rubia de ojos verdes que no paraba de correr por el pueblo.

-Buenos días tenga usted también padre- Desde que murieron sus padres, Isabel se pasaba todo el día rezando por sus almas. Fue el padre Sebastián quien la animo a rehacer su vida y volver a la rutina, por eso ella le tenía mucho cariño.

-Como te ha ido el día.

-No me puedo quejar padre estoy muy contenta.- El párroco noto una felicidad desbordante que emanaba de aquellos ojos color cielo.

-¿Y eso querida?

-ya he salido de cuentas padre, dentro de poco nacerá mi hijo, estoy muy nerviosa.- dijo Isabel remangándose el vestido mientras se arrodillaba enfrente de la virgen.

-¿Y estas preocupa?

-¡No!, no padre, solo estoy un poco nerviosa… quiero que todo salga bien.

-Seguro que todo irá bien-dijo el cura apoyando su mano sobre el hombro de Isabel.

-Gracias padre- y comenzó a rezar.

De repente sin previo aviso un avión de espionaje militar paso sobrevolando las inmediaciones del pueblo y empezó a otear la zona como si buscara algo dentro del pueblo. Al mismo tiempo Isabel comenzó a sentir unos pequeños dolores en la zona del bajo vientre y supo que había llegado el momento. Rápidamente intentó levantarse pero justo cuando lo consiguió el avión espía empezó a disparar hacia los edificios del pueblo. Todo el mundo empezó a correr.




1 comentario:

  1. Oh, Dios Mio...

    Es una de las pocas cosas que puedo decir...

    ¡Amo tu forma de escribir!

    Sinceramente si escribieras un libro seria famoso y millonario...

    Y tambien, eres uno de los pocos hombres que he visto que escriben :)

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